sábado, 29 de noviembre de 2008


LA EDUCACION EN EL PERÚ


La educación es sin lugar a dudas la base del desarrollo en cualquier país del mundo y representa el verdadero motor de cualquier política económica y social seria y responsable por la generación de conocimientos y destrezas intelectuales que genera en las personas capaces de generar un mayor crecimiento económico y protagonizar el cambio hacia la modernidad y eficiencia en el bienestar y calidad de vida que requieren nuestros pueblos.



No es posible negar que en el Perú la intervención del estado en la educación, si bien, de todo punto indispensable, no ha sido ejemplar. Lo prueban las marchas en lo que respecta a las orientaciones generales o los planes de estudio, que unas veces han obedecido a teorías pedagógicas indebidamente aplicadas y a otras manifestaciones de carácter ideológico o político. Se ha visto también la adopción de disposiciones que han contribuido a rebaja los niveles de instrucción y de normas burocráticas que no sólo han dificultado en ocasiones la labor educativa sino que han dejado de lado la convivencia de estimular a los maestros competentes y alentar iniciativas.



Creemos en cambio, que los propósitos de la educación deben ser definidos con la mayor claridad en sus grandes rasgos esenciales para contar así con una guía duradera. Deberán hacerse luego evaluaciones periódicas de los resultados de enseñanza, mediante procedimientos objetivos que no es difícil imaginar ni es costoso realizar. Los resultados de esa evaluación darán indicaciones, precisas en lo posible, acerca de los ajustes y correcciones que sean requeridos para lograr que la educación dé los frutos que se espera. Dentro de ese orden de ideas y para los fines que tienen estas líneas, puedo admitir que la educación básica tiene por objeto dotar a cada individuo de la capacidad necesaria para pensar y actuar correctamente en todas las circunstancias de la vida. Significa esto que debe ser tal que, además de dar formación moral, cívica y religiosa, debe proporcionar de manera efectiva los conocimientos y las habilidades prácticas que requieren los hombres para satisfacer las exigencias de su propio bienestar y para contribuir con su esfuerzo para que la sociedad mejore. Todo esto en el entendimiento de que contribuye una necesidad nacional superar el atraso y el subdesarrollo con el auxilio de los recursos que ofrecen hoy la ciencia y la tecnología. Son muchos los juicios autorizados que han denunciado defectos e ineficiencia de la educación básica. Puede observarse en primer término un empleo imperfecto del idioma, tanto hablado como escrito. Esta deficiencia puede notarse no solamente en los jóvenes sino también en personas mayores, lo cual prueba que las causas que se deben no son recientes. Se trata de una manifestación de incultura que puede apreciarse diariamente a través de medios de comunicación y que ha sido objeto de repetidas críticas y comentarios. Ello guarda indudablemente relación con la escasa inclinación a la lectura y a la falta de disposición para el estudio independiente, que suponen de manifiesto en quienes intentan ser admitidos a estudios superiores.
Puede reconocerse, en segundo lugar, muy serias deficiencias en la capacidad para razonar correctamente, así como para exponer ordenadamente las ideas, enunciar claramente las suposiciones y deducir verazmente sus consecuencias. Esa capacidad no es indispensable únicamente para adelantar en
la ciencia y en la técnica, sino en todos los dominios del saber y aún, para todas las personas, cuando las circunstancias obligan a tomar decisiones de verdadera importancia.
En tercer lugar, se comprueba un conocimiento casi nulo acerca de la naturaleza y de sus leyes, del mundo en que vivimos, de nuestro medio geográfico.
También, podemos mencionar la falta de habilidades
manuales y de inclinaciones prácticas, así como de un conocimiento primario de los materiales, de sus aplicaciones, de su uso y empleo de herramientas. Se trata de un aspecto de la educación al que se le da importancia en los países desarrollados y que no es atendido como se debe en nuestro sistema educativo.



Es necesario generar mecanismos de dialogo y reflexión, desde la sociedad civil, sobre las practicas escolares y sobre el rol del docente en los contextos rurales y urbanos, facilitando y promoviendo su inserción en la vida comunal. Esto implica una revaloración de la diversidad cultural, dentro de un proyecto de desarrollo que involucre activamente a la población, en base a una política de gestión cultural de largo alcance, en el cual se incluya una política educacional para docentes y escolares de todos los niveles, con énfasis en el nivel universitario.
La dificultad en mejorar la
calidad de la docencia no radica en un solo factor (que puede ser percibido como el económico o el pedagógico), sino que constituye parte de la implementación de una política intercultural, como perspectiva transversal que permita reorientar los modelos de docencia, en función a los contextos diferenciados en que se ejerce la profesión. La interculturalidad no es solamente una manera de concebir la integración de las culturas, sino un diálogo entre distintas realidades culturalmente dinámicas, en donde siempre está presente el conflicto.
Materializar el perfil deseado del docente peruano requiere de un compromiso y de una formación
integrales, de exigencia en la calificación y que esté de acuerdo a las necesidades del país. Sin embargo, en la medida que no se establezcan mecanismos de incentivos y compensatorios que alivien a los docentes de la sobrecarga de roles, y que integren la interculturalidad como eje articulador de todas las propuestas curriculares y pedagógicas, no se podrá revalorar la imagen del docente, ni potenciar sus capacidades. Por ello es necesaria una política que promueva efectiva y sostenidamente el diálogo y la participación, tanto de los docentes, como de los padres, los alumnos y la comunidad en su conjunto.





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